El ojo crítico
David Jurado
Que nada nos defina. Que nada nos sujete.
Que sea la libertad nuestra propia sustancia.
Simone de Beauvoir
El día de ayer, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se llevó a cabo en la Ciudad de México una marcha en protesta por esta problemática social que afecta a niñas y mujeres de todo el país.
Durante la manifestación, colectivos feministas pintaron diferentes monumentos históricos de la ciudad, acto que fue aprovechado por medios de comunicación y usuarios en redes sociales para satanizar el movimiento y calificar a las mujeres que participaron de “delincuentes”.
Sin embargo, ¿qué tanto nos afecta como ciudadanos que se pinte un monumento? ¿Las paredes sienten? ¿Los muros lloran? La tinta se borra, las cicatrices de la piel, no.
Los edificios soportan tempestades, las mujeres acoso y violencia. Los muros callan porque no pueden hablar, las mujeres callan porque no las dejan.
¿Está mal vandalizar monumentos históricos? Sí. ¿Está bien que miles de mujeres sufran acoso diariamente y los responsables queden impunes? No.
Sin revoluciones no hay cambios
El derecho a manifestarse está explícitamente señalado en el artículo 6 de nuestra Constitución, el cual menciona que la manifestación de las ideas no será objeto de inquisición judicial o administrativa, salvo en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público.
Ayer se perturbó el orden público, es cierto, pero también es cierto que sin revoluciones no hay cambios. Ayer se vandalizó, pero eso no debe ser motivo para desprestigiar este despertar de la voz femenina, para seguir haciendo “oídos sordos” a un grito que cada vez toma más fuerza.
La protesta de ayer no fue un golpe de Estado, no desestabilizó al gobierno, ni buscó un cambio de régimen, sino un cambio de ideas y de pensamiento, un despertar de la conciencia colectiva. Fue una llamada de atención de un grupo que ha sido ignorado por mucho tiempo.
Gestar un cambio para las futuras generaciones
Sin embargo, es importante no malinterpretar los principios del feminismo (como lamentablemente muchos han hecho), ya que éste no debe buscar la superioridad de la mujer sobre el hombre, sino el respeto y la igualdad de condiciones en todas sus vertientes.
Algunos creen que las marchas no sirven de nada, pues sus efectos rara vez son inmediatos; sin embargo, ningún cambio ideológico se da de la noche a la mañana, puede llevar décadas o incluso siglos. De hecho, es probable que ni siquiera nos toque a nosotros.
No obstante, se sembrará una idea, la cual, si bien será ignorada por muchos, echará raíces en otros, quienes desde su trinchera empezarán a gestar un cambio para las futuras generaciones.
Nos leemos pronto.
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