La violencia contra las mujeres sigue en aumento en nuestro estado y nuestro país.
La pandemia que ha azotado al mundo no sólo ha provocado muertes por el virus, sino también por el incremento de esta violencia.
Cifras presentadas por las autoridades locales y nacionales, han evidenciado que el encierro forzoso al que se tuvo que someter la sociedad, trajo como consecuencia que las mujeres estén más expuestas a ser agredidas.
Y esto es algo lógico; mientras más tiempo pasan las mujeres con sus agresores, mayor posibilidad hay de que alguna situación detone sus conductas violentas.
He comentado en varias ocasiones que la lucha contra la violencia de género no obtendrá grandes resultados si sólo se brinda apoyo psicológico a las víctimas, ya que aunque ellas logren salir del círculo de violencia en el que se hallaban inmersas, los agresores continuarán con la misma conducta y volverán a lastimar a otras mujeres más adelante, llegando quizá a matar alguien.
En este sentido, la semana pasada me agradó enterarme de un proyecto que acaba de poner en marcha el Gobierno Municipal de Puebla, encabezado por Claudia Rivera, el cual consiste en poner a disposición de los varones una línea telefónica de ayuda en caso de sentir que no pueden controlar su ira y que están por cometer alguna acción violenta.
Este proyecto tiene como objetivo contribuir a “evitar más casos de violencia hacia mujeres y niñas atendiendo de manera inmediata a los potenciales agresores y enseñándoles a afrontar y manejar sentimientos como el miedo, la frustración, la ira y la ansiedad”.
Me parece un gran acierto del gobierno capitalino. Como les mencionaba, el combate contra la violencia debe ser de dos vías.
Hace un par de años supe de un programa que manejaba el gobierno estatal que consistía en brindar talleres grupales semanales a hombres que requirieran ayuda en los temas que ya mencioné y estaba muy bien, porque ponía horarios accesibles acordes con los laborales.
No es muy común que los hombres acepten que necesitan ayuda; uno de los rasgos principales de la cultura machista es precisamente tener que demostrar que ellos “son los machos alfa invencibles, duros y que todo lo pueden”.
Este estereotipo ha sido un gran obstáculo para que los varones acudan a tomar terapia o para que la continúen.
He oído a varios hombres decir que, “¿para qué le van a ir a contar su vida a un extraño?” “¿para qué se tiene que andar enterando alguien más de sus problemas?”
Está tan arraigado el machismo en sus pensamientos, que les impide entender que una psicóloga o psicólogo no los juzgará, sino que verá de manera objetiva los problemas.
Pero volviendo a la idea del “supermacho”, esto para ellos es como un ataque a su hombría, porque es tener que reconocer que no pueden solos con algún problema; es como una invasión a su intimidad, donde ellos se sienten cómodos creyendo que sí.
Todas y todos tenemos traumas arraigados que se generaron en nuestra infancia o adolescencia. A veces cuesta reconocerlos, pero de que ahí están, ahí están. Y esos son los causantes de nuestras actuales conductas. Las de sumisión/agresión tienen su respuesta en lo que vimos de niñas/niños en la relación de nuestros padres.
El problema radica en que hay quienes van por la vida pensando y pregonando que está todo bien, que nada les afectó de niños, porque son justamente esas personas las que más daño emocional causan a sus parejas, al creer que todo lo que hacen y dicen es lo único correcto, aunque con sus conductas ejerzan violencia emocional.
Los hombres son más dados a lo anterior por lo ya mencionado del machismo, es por ello que aunque es un gran proyecto el presentado por la Presidenta Municipal, considero que será muy difícil que se obtengan resultados a corto plazo. Ojalá a largo sí.
Nos leemos el próximo lunes.
@aricos127 en Twitter.
ARIANNA COS
COMO MARIPOSA


