Todos sabemos que las redes sociales se han vuelto la principal fuente de interacción social así como de información a nivel mundial. Desde el año 2000, las plataformas para “chatear” fueron evolucionando hasta convertirse en lo que son ahora. Con la aplicación WhatsApp a la cabeza, el uso del Internet para comunicarnos se ha vuelto prácticamente básico.
Por supuesto que poder estar comunicados a toda hora y en todo lugar se ha vuelto el principal beneficio de las redes, de ahí su obvio éxito, peeerooo, esto también tiene su lado negativo.
Antes, si no podíamos comunicarnos con los demás no pasaba nada; estábamos acostumbrados a que teníamos que esperar a que la persona llegara a casa para que oyera el teléfono fijo y nos contestara; estábamos obligados a ser más pacientes, a no querer apresurar el tiempo. Claro que nos daba angustia no encontrar a la persona, sobre todo si era la amada, pero no nos quedaba más que de una: aguantarnos hasta que el chicle de la llamada pegara y que nuestro amor nos pudiera contestar.
Ahora, teniendo a la mano tantas opciones de comunicación pareciera que estaríamos mejor, más tranquilos al saber que con sólo abrir una u otra aplicación nos podríamos poner en contacto, pero ¡oh sorpresaaa! Resulta que no es así.
Está comprobado que el uso de las nuevas herramientas de comunicación nos genera mayor estrés que antes; ¿la razón? Que ahora vivimos pegados a nuestro smartphone porque no hay hora en la que no recibamos algún mensaje o notificación, lo cual nos hace querer responder con la mayor inmediatez posible.
Por otro lado, solemos vivir más pendientes de si nuestro novio o pareja está disponible en cualquiera de sus cuentas, sobre todo en la de WhatsApp. Claro que se han ido creando mejoras, que incluyen opciones para que quien quiera, active la opción de que nadie sepa su última hora de conexión y que no se pongan azules las palomitas, pero para quien quiere tener activas estas funciones, suelen generar paranoia cuando la pareja “te deja en visto”.
Esta frase incluso se volvió parte de algunas campañas publicitarias; así de fuerte es el impacto de estas dos aparentemente inofensivas palomitas. Otro aspecto que he sabido ha sido motivo de peleas entre las parejas es el de las frases o imágenes que uno pone en los estados de la aplicación de la que les estoy hablando. ¡Hasta yo he sido víctima de ello!
Y no se diga de Facebook; ¡hasta rompimientos ha habido! Sobre todo entre los novios en edad adolescente o muy jóvenes, con aquello de los “me gusta” y “me encanta” que otros chicos o chicas les llegan a poner a sus fotos o demás publicaciones.
Por supuesto que todo lo anterior no ocurriría si no fuera porque todos llevamos por dentro una carga de inseguridad; mayor o menor, pero todos padecemos de ella y creo que las redes sociales en vez de contribuir a que fortalezcamos nuestra autoestima, nos ha llevado a creer que ésta será mayor mientras más “likes” tengamos. Y esto genera más paranoia, porque en cuanto publicamos algo, sobre todo la famosa “selfie” o ponemos un estado, ahí estamos pendientes de quién ya lo vio y de a cuántas personas les gustó. Como si con esto ya valiéramos más, como si nos volviera mejores personas. Y es al contrario, porque hasta por tratar de obtener la mejor pose o toma para una selfie, varias personas han perdido la vida.
Es absurdo querer medir nuestra estima de un modo tan banal. Debo confesar que yo misma he caído en esa trampa, que he estado “atrapada” dentro de las redes sociales y que aunque tardé en entrar a la moda de los autorretratos, cuando lo hice, durante un tiempo no pude parar. Y yo misma he caído en la paranoia del “me dejó en visto”.
Creo que sería padre que analizáramos si realmente las redes nos ayudan tanto o nos perjudican más. Laboralmente son una maravilla, facilitan muchísimo el intercambio de información, pero para cuestiones personales creo que nos aleja de quienes tenemos a un lado, sobre todo en casa; porque ¿qué caso tiene formar parte de varios grupos de WhastsApp, o estar revisando el muro de Facebook o de Instagram para enterarnos de la vida de los demás, mientras descuidamos la de los que realmente importan?
Así que tratemos de dejar nuestra obsesión “digitalera” y de “stolkear” a la pareja en cuestión (si en verdad queremos conservar su amor) para en vez de ello enfocarnos en nosotras y nosotros mismos haciéndonos más fuertes sin depender de los “me gusta” de los demás y disfrutemos de nuestros seres queridos que sí están físicamente para poderlos apapachar.
Nos leemos el próximo lunes.
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Arianna Cos Lopez


