Hace unos días acudí a una fiesta infantil. Como es costumbre, un payaso hizo su espectáculo.
En lo particular nunca me han gustado los payasos; desde niña me daban miedo y al crecer aunque dejé de temerles, nunca lograron ser de mi agrado, pero por el tipo de bromas que muchos suelen hacer. A veces pareciera que su espectáculo va más dirigido a los adultos por los albures que manejan; eso para nada son bromas para niños.
Pero bueno, en cada fiesta me hago a la idea de que seguramente habrá un payaso y pues los tendré que tolerar. Digo, hay unos muy buenos, que hacen que en verdad disfrutes su número sin necesidad de albures o bromas pesadas pero son pocos los que se salvan de mi desagrado.
Les cuento esto porque en la fiesta que les comento hubo un ejemplo más del por qué no me laten. En esta ocasión, la ocurrencia del payaso para su espectáculo fue la de hacer que a fuerza perdiera los concursos una niña nada más por ser niña.
Así como lo leen.
Esta pequeña participó en competencia con mi hijo y desde el primer concurso de globos que consistía en ver quién lo inflaba más grande ganó ella, pero el payaso hizo como que se le había perdido el globo para repetir la competencia.
Al volver a inflarlos le tiraba el globo de la boca a la niña diciendo “ay ya se le cayó”, mientras que a mi peque lo dejaba tranquilo.
Al terminar ese concurso hasta él mismo le dijo al payaso que era un tramposo al declararlo ganador.
Ante las protestas de varias mamás, les puso otros concursos pero siempre con el afán de que ganara mi hijo y eso fue generando más reclamos de las señoras. Una de plano le preguntó al payaso que por qué quería que él ganara a fuerza ante lo cual esquivó la pregunta haciendo más concursos.
Fue tan notorio que quería que mi hijo por ser varón ganara, que en el último concurso que consistía en que ganaría el que más zapatos juntara, la mayoría de las personas ayudaron a la niña llevándole lo más posible de estos para solidarizarse con ella.
Luego, todavía no conforme el payaso con el resultado favorable para la pequeña, dijo que ganaría el que tuviera más aplausos y pues la gente aplaudió muchísimo más por ella. Era lógico que la concurrencia la apoyaría ante una situación claramente desfavorable.
Afortunadamente mi hijo no se sintió mal ante la falta de aplausos, porque estaba consciente de lo mal que estuvo lo que hizo el payaso. Hablé con él más tarde y me dijo que lo que le dio coraje mientras inflaba su globo, fue ver que el payaso le tiraba el suyo a la niña así como que haya hecho puras trampas. Aunque a fin de cuentas se divirtió como niño que es, está muy bien que haya identificado lo que no es correcto aunque la justificación sea entretener.
Yo como mamá feminista lo vi como un acto sexista, de “quiero que gane el niño porque somos del mismo sexo, porque somos los hombres”. Y por la molestia de las otras mamás noté que pensaron algo similar. Comentándolo con una amiga que tiene diversos estudios sobre feminismo y con respecto a sexo y género, opinó lo mismo que yo.
Una muestra más del machismo que impera en nuestra sociedad.
El tema quedó justo para el Día del Niño. Es importante hacer una reflexión acerca de lo que les inculcamos a los infantes desde muy pequeños porque es lo que sentará las primeras bases para su actuar futuro.
Si vemos que la actitud ya sea de un payaso o de alguien más con respecto a las mujeres es injusta, debemos hablar con nuestros hijos e hijas y hacérselos notar para ir rompiendo el patrón del machismo así como del patriarcado. Debemos enseñar a las nuevas generaciones que mujeres y hombres valemos lo mismo como seres humanos, por ende, tenemos los mismos derechos y las mismas oportunidades.
Así, irán creciendo con una mentalidad sin sexismo. Así, se irá eliminando el machismo, la misógina y como consecuencia, cualquier tipo de violencia contra las mujeres.
Nos leemos la próxima semana.
ARIANNA COS
COMO MARIPOSA
CONTACTO
@aricos127 en Twitter.


