La familia es la base de la sociedad a nivel mundial y por supuesto en nuestro país. En el núcleo familiar es donde recibimos los primeros cuidados, las primeras muestras de cariño, las primeras enseñanzas, es donde se nos inculcan los valores como el respeto y la tolerancia hacia los demás, la honestidad, la honradez, el ser responsables y cumplidos y donde se nos imponen los primeros límites. No por nada solemos aprender primero a mover la cabeza de un lado a otro para decir “no” y esa palabra suele ser de las primeras que pronunciamos.
Aunado a ello, en el entorno familiar aprendemos el modo de convivencia de la sociedad en la que vivimos, que en nuestro caso se caracteriza por ser cálida, muy de apapachar y reunirse con los seres queridos, solidaria, trabajadora, emprendedora.
Sin duda, la institución familiar es de suma importancia para el buen funcionamiento de la sociedad.
Toco el tema porque recientemente durante el foro semanal al que me integro como parte de un curso que estoy tomando sobre Violencia Política Hacia Las Mujeres, uno de los pocos varones que participan en él, hizo un comentario que nos hizo brincar a varias compañeras.
Él decía que ahora las mujeres tenemos más oportunidades laborales que en décadas pasadas; que cada vez ocupamos más puestos de poder y responsabilidad debido a la mejor preparación académica a la que hemos ido accediendo y que aunque eso está bien, que él se pregunta ¿qué va a pasar entonces con la figura de la institución familiar si un número mayor de mujeres se dedica al mundo laboral y ya no tiene tiempo para el hogar?
El compañero argumentó también que los hombres serán los que ya no estarán a la altura de las mujeres y que por ende, se quedarán solas o acabarán siendo madres solteras.
Las respuestas indignadas de varias compañeras incluida yo no se hicieron esperar, porque para variar, en opinión de este señor, el sexo femenino es el único responsable de todo. Ahora resulta que va a ser nuestra culpa que la sociedad se vaya a pique por tener el legítimo derecho de estudiar y prepararnos cada vez más profesionalmente, por tener aspiraciones laborales más altas, por no querer conformarnos con el papel de esposa/adorno/ama de casa que se nos impuso durante tantos años y que por desgracia aún se les sigue imponiendo a muchísimas mujeres, en cuyos hogares el machismo aún impera.
Le llovió sobre mojado al señor, porque le argumentamos que incluso pasó a traer al sexo masculino al considerarlo incapaz de hacerse cargo de un hogar o de colaborar en las labores de cuidado del mismo mientras las mujeres salen a trabajar. Según su concepto y que seguro es el de muchos, nosotras sí podemos ser todólogas, es decir, trabajar profesionalmente y a la vez llegar a casa para encargarnos de cada cosa que haya que hacer, pero ellos no podrán. Es decir, de plano hizo parecer a los hombres como incapaces de adaptarse a un mundo donde el sexo femenino cada vez toma más su lugar.
En cuanto a la supuesta soltería siendo madres o no, en la que caeríamos las mujeres, la coordinadora del curso le contestó que para haber madres solteras debe haber un padre ausente que no se quiso hacer responsable de sus actos; que una cosa es que las mujeres decidan tener un hijo solas acudiendo a un banco de esperma y otra muy distinta que el padre huya de su responsabilidad.
Con todo esto, seguro al compañero no le gustó oír y leer nada de lo que respondimos, porque ya no dijo ni pio.
Creo que tanto los hombres como las mujeres somos perfectamente capaces de formar una familia estable mientras se repartan las labores del hogar, que obviamente incluyen el cuidado de los hijos.
Ya no estamos en los tiempos donde el cambio de pañal, darles la mamila, dormirlos, bañarlos, vestirlos, cuidarlos cuando se enferman, hacerles la comida, ver que coman, jugar con ellos, hacer la tarea y todas las actividades que van implicando su crecimiento, son exclusivamente tareas de nosotras.
Cada vez más, hay varones que por su tipo de trabajo son quienes pasan mayor tiempo en casa con sus hijos mientras mamá debe salir a trabajar. Y veo que a estas familias les funciona perfecto esta dinámica, así que los hombres no son menos capaces para hacerse cargo de un hogar más horas al día que nosotras.
Espero que ideas como la de mi compañero de curso se vayan erradicando poco a poco.
Nos leemos el próximo lunes.
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ARIANNA COS
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