La labor poética se aprecia más cuando es póstuma. Tal vez México sea uno de los países donde la poesía busca rescatar el tiempo perdido: las voces del canon nacional expresan un universo marcado por la desdicha.
Además de, por citar algunos, Octavio Paz, Alfonso Reyes y Gilberto Owen, poetas salvaguardados por la cuna de la burguesía, los escritores mexicanos se mantienen al margen del hastío, de la pobreza, de la angustia y del abismo. Escribir poesía en México es tener fe.
Como Joaquín Cosío, muchos poetas gozan de la mayor tragedia de la literatura: el desconocimiento. No es Cosío un actor carente de renombre y popularidad; la poesía de ‘El Cochiloco’, un personaje emblemático forjado en la cultura del narcotráfico, es de fama menor a diferencia de su trayectoria cinematográfica y televisiva.
“El poema y el personaje son inalcanzables, así que todo lo que tenemos son aspiraciones, sólo la posibilidad de llegar a ser el personaje y la intención de escribir el poema”, Joaquín Cosío.
Nadie reflexiona ser poeta: se vive la poesía como lo frenético de las emociones, todo converge en la creación estética, en las palabras que no serán leídas. Cosío, de una formación teatral llevada al cine, plasma en su poesía la cotidianidad: la lírica es también una manera de sabernos actores.
“La blanca tibieza, ese es mi sueño interrumpido.
La otra cara encima de mí, mi madre que ahuyenta
a ese perro que ataca en mi moza quietud de sábanas”.
Mi madre, Joaquín Cosío.
Agradecido y feliz por el premio "Ignacio López Tarso" para mejor actor que me otorgó la Agrupación de Periodistas Teatrales, por "La desobediencia de Marte" obra de Juan Villoro dirigida por Tony Castro!!! @JuanVilloro56 #TonyCastro @JMdeTavira pic.twitter.com/kRs1BPnbAt
— Joaquin Cosio (@cosio_joaquin) April 10, 2018
“Nunca serás de nuevo, nada será otra vez.
Navegas ya con las velas del náufrago
y sostienes en tu pecho la cruz de lo imposible,
de lo que tuviste y se fue,
de lo que no volverá”.
Tatuaje o cicatriz, Joaquín Cosío.


