La mariposa naranja
Arianna Cos
De manera reciente leí un estudio de cómo ha evolucionado la estructura familiar del siglo pasado hacia los años recientes y me brincó un dato: resulta ser que el estudio menciona que a la par de que las mujeres tuvimos mayor participación fuera del ámbito familiar, la desintegración familiar y los problemas con los hijos aumentaron.
Fue inevitable pensar: “ahora resulta que para variar las mujeres tenemos la culpa de todo”.
Antes, cuando las mujeres se dedicaban exclusivamente al hogar, se les echaba la culpa de si los hijos tenían algún problema escolar, si se enfermaban, si se portaban mal en casa, etcétera.
Como eran ellas las que estaban a cargo, se les culpaba prácticamente de todo, mientras que los maridos aunque eran los proveedores económicos, se desentendían de las cuestiones hogareñas.
Ah pero eso sí, cuando se trataba de presumir a la gente de su hermosa familia, ahí sí se paraban el cuello y se colgaban la medalla por los logros familiares; ahí sí sus mujeres eran las mejores esposas y mamás del mundo.
Es decir, culpables de todo
Ahora, cuando la mayoría de las mujeres ya ocupa un lugar dentro del mundo laboral además de hacerse cargo de la mayoría de las responsabilidades de casa, también se les sigue culpando.
Se les tacha de egoístas por tener a veces que poner por delante su trabajo y sus logros profesionales, con tal de poder llevar un mayor sustento al hogar.
También se las califica de malas madres por tener que salir a trabajar; se les acusa de descuidar a sus hijos y de ser las responsables de su mala conducta, ya sea en casa o en la escuela.
Y por si fuera poco, se les achaca la responsabilidad de que los divorcios hayan ido en aumento en los años que van del siglo XXI.
Pregunto, ¿Y los hombres qué? ¿Qué acaso no cuentan en la ecuación de los problemas? ¿Acaso ellos son un cero a la izquierda entonces? Si esto es así, ellos solitos nos dan la razón de que las mujeres tenemos mayores capacidades.
El miedo que persiste y no deja ser
Si de nosotras depende que vayan bien o mal las cosas y a decir del sexo masculino, nada más necesitamos de ellos su aporte económico. Nosotras podemos demostrar que también en ese aspecto podemos arreglárnoslas sin ellos.
La mayoría de veces es el miedo el que nos detiene para lograr muchos objetivos; ese miedo que nos han metido en la cabeza los propios hombres al calificarnos de ser el sexo débil y hasta las mismas mujeres, porque aún hay muchas que siguen pensando que solo servimos para parir y para la cocina.
Pero las mujeres podemos alcanzar igual o más metas que un hombre, solo es cuestión de proponérnoslo.
Ahora hay tantas formas de trabajar desde casa, promocionando lo que uno realiza. Ya no tenemos que estar atadas a un trabajo con un horario que no nos permite hacernos cargo de nuestros hijos.
El chiste es poder demostrarnos a nosotras que sí podemos.
En aumento las parejas sin hijos
Hubo otro aspecto del estudio que llamó mucho mi atención. El estudio hace un comparativo del número de hijos que se tenía por familia alrededor de los años 40 y 50 con los que se fueron teniendo en las décadas siguientes y lo que arroja sobre la segunda década del presente siglo, es que cada vez aumenta más el número de parejas que deciden unir sus vidas sin desear procrear.
Una de las características de estas parejas es que al dedicarse 100 por ciento a su desarrollo profesional, van buscando obtener mayores logros académicos (diplomados, maestrías, doctorados) y laborales, lo que les permite alcanzar puestos con ingresos altos, que al juntarlos como matrimonio (por cierto que igual ha aumentado el número de personas que deciden juntarse sin un vínculo legal), se dedican a disfrutar sin la responsabilidad de tener un bebé.
Y es que estas parejas argumentan que para qué van a traer un hijo al mundo en las condiciones en las que se encuentra y que pintan para no mejorar, sino a empeorar en los siguientes años.
Ya veremos cómo sigue la tendencia en cuanto a tasa de natalidad en los años venideros y si finalmente se nos deja de culpar a las mujeres por todo lo que pasa.
Nos leemos la próxima semana.


