Ojo crítico
David Jurado
Desollada, mutilada y sobre el suelo, es la escena del crimen que ha conmocionado a la sociedad mexicana en estos días. Otro feminicidio, pero éste es de una naturaleza salvaje que causa estragos de sólo imaginarlo. Escena perfecta de una película de terror.
Lo peor del caso: la imagen filtrada que evidencia el acto inhumano; imagen que, a juicio propio y apuesto que de miles más, hubiéramos preferido jamás ver.
Ingrid Escamilla, poblana de 25 años de edad, mantenía una relación sentimental con Erick Francisco Robledo, de 46 años de edad. Desconocemos el día a día que se ocultaba tras la relación de esta pareja, pero algo es seguro: en todos los escenarios posibles, Ingrid jamás imaginó que su vida culminaría de una forma tan inhumana.
-“¿Y dónde tiraste todas sus partes, todas sus piezas, la carne que le quitaste?
– Le digo que al drenaje…
-¿Al drenaje lo aventaste?, ¿por qué querías ocultar los hechos?
– Por vergüenza, miedo…”
Si bien es cierto que en México los asesinatos están a la orden del día, la naturaleza de este feminicidio no hace más que confirmarnos la podredumbre social que ha echado raíces en nuestro país, donde la realidad desde hace mucho superó a la ficción.
“En México, la tranquilidad se ha convertido en un bien invaluable del que muy pocos gozan”.
Podredumbre periodística
Pero toda esta situación, más allá de la problemática social que refleja, evidencia también un mal que desde hace muchos años viene impregnando de un olor fétido los medios de comunicación: el sensacionalismo y el amarillismo. Ese quehacer de los pseudo medios periodísticos que buscan ganar adeptos a como dé lugar, sin ningún tipo de ética o pudor.
Asunto más grave: el morbo de quienes desean ver ese tipo de imágenes y que, peor aún, las difunden por medio de las redes. La familiaridad con la violencia y el horror ha vuelto cada vez más insensible a la sociedad ante hechos de esta naturaleza.
Hecho curioso: cuando la paja está en el ojo ajeno, la viga nos ciega por completo. Estoy seguro de que, si algunos de los que han difundido las imágenes de Ingrid fueran familiares o amigos de ella, se sentirían indignados y asqueados de ver con qué tan poco respeto se le ha tratado, incluso después de la muerte.
Pero bueno, por ahora sólo resta depositar la fe en quienes sí obran con bondad y respeto al prójimo. Como dijera la trillada frase: “Los buenos somos más”.


