¡Vaya título con el que arrancamos! En esta mi primera columna en la que tengo el honor de que me publique tan importante medio, me permito señalar que en este espacio se abordaran temas tan invisibilizados a lo largo de la historia no solo en nuestro país sino en el mundo, donde a miles de personas se nos han vulnerados nuestros derechos de manera directa e indirecta, se nos ha estereotipado, estigmatizado e incluso satanizado o angelizado, haciendo más grandes las brechas de desigualdad, la falta de oportunidades laborales, educativas, de salud, de movilidad, de representatividad, sociales e incluso en esta era digital, y así una larga lista, sí, me refiero a los grupos minoritarios en cuestión de números, mas no de derechos, como lo son las personas indígenas, afrodescendientes, migrantes, de la tercera edad, con discapacidad, en situación de calle, integrantes de la comunidad LGBTTTIQ+, y así nos podemos ir buscando a estos grupos sociales, es tiempo de normalizar todas estas diversidades humanas, que enriquecen a nuestra sociedad, cultura, costumbres y contextos.
Para comprender un poco más de la importancia que tiene el adoptar conciencia sobre el respeto, la igualdad, la inclusión y tolerancia, basta decir que Puebla ocupó el primer lugar nacional en discriminación, en la Encuesta Nacional sobre la Discriminación 2017 presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) donde ser reportó que el 28.4 por cierto de las y los poblanos refieren que se sienten discriminados por su orientación sexual, color de piel, condición física, indumentaria entre otras; pese a que en nuestro país se castiga y sanciona a quienes comenten algún acto de discriminación, pareciera que las “leyes son a modo” o solo para quienes pueden solventar una justicia, que no es pronta ni expedita como las autoridades se empeñan en decir.
Basta decir que contamos con un amplio compendio de legislaciones nacionales e internacionales, tratados, etc., dedicadas al combate de estos ejercicios que son rutinarios y muchas veces imperceptibles, donde todas y todos somos participes como víctimas o victimarios/as, un ejemplo de ley que rige a nuestro país es la Carta Magna, que hasta este año ha sido reformada almenos en 741 ocasiones, con modificaciones que para las y los especialistas en Derecho Constitucional han sido para bien y habrá quienes digan que para mal también, cuenta con una de las reformas más importantes efectuada en 2011 respecto a Derechos Humanos, dado que compone un cambio en la concepción de entender la fuerte relación entre gobiernos y sociedad, colocando siempre el principio PROPERSONA que simplemente es colocar a la persona como único fin de justicia y acciones de bienestar social ante las autoridades, con la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los Derechos Humanos, pero que tristemente hoy en 2021 estamos lejos de contar con mecanismos legales, autoridades competes que sean garantes de justicia sin intereses mezquinos, ruines o políticos.
Yo quiero hacerle conciencia en este tema con estas preguntas ¿Le han discriminado? ¿Ha discriminado? Si su respuesta ha sido negativa, pero en alguna oportunidad de charla comentó o le dijeron: “¡Hay que mejorar la familia!” “¡Trabajo como negro para vivir como blanco!” “¡Lloras como niña!” “¿Cómo vas a trabajar? Si eres minusválido/a.” “#$% el que llegue al último” entonces, déjeme decirle que usted apreciable lector o lectora ha sido discriminada o ha discriminado y violentado por medio del lenguaje, cuando normalizamos todas estas frases con las que hemos crecido, y me incluyo, porque es parte de nuestra herencia cultural que hoy por hoy debemos de trabajar hombro a hombro para deconstruirnos y construir una sociedad, una evolución que nos lleve más allá de las cifras rojas de violencia de todo tipo y discriminación.
Hagamos sociedades inclusivas, empáticas, respetuosas e insertemos a nuestros entornos a todas las personas a las que se nos han vulnerado nuestros derechos por el simple hecho de ser “diferentes” mirando que esas diferencias son las que permiten que este engranaje social siga sus funciones sin parar, sin prisas y en la medida de lo posible sin fallas.
Por: Dulce Belem Pérez Zavala


