El domingo pasado fue una muestra más de lo que no se debe hacer durante una protesta.
Como me temía, durante la marcha por la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, grupos feministas volvieron a hacer destrozos en la capital del país.
Todo hubiera estado bien si no hubieran hecho su arribo estos grupos extremos, porque no fue sino hasta las cinco de la tarde que la situación se empezó a descontrolar.
La marcha que concentró a más de 80 mil mujeres había transcurrido con tranquilidad, transmitiendo de manera pacífica pero contundente el mensaje de que las mujeres mexicanas ya estamos hartas de la situación de inseguridad e incertidumbre que nos rodea.
Féminas de todas las edades se unieron en una sola voz para GRITAR FUERTE Y CLARO, que no están dispuestas a permitir que la violencia de género continúe, que las mujeres no vamos a seguir tolerando que se pisoteen nuestros derechos, que se nos violente en cualquier ámbito y mucho menos, que estemos en riesgo de perder la vida a lo largo y ancho del país.
Hasta ahí todo iba bien. Pero de un momento a otro la situación se comenzó a descontrolar.
¿Qué necesidad había de romper vidrios, graffitear paredes, quemar puertas, provocar (aunque fuera sin querer) quemaduras en las piernas a una periodista y lo que es peor, rociar con ácido la cara de una policía que lo único que hacía era realizar su trabajo?
¿No se supone que la marcha era para exigir un alto a la violencia contra las mujeres?
¿En qué cabeza cabe pensar que lastimando a otras mujeres seremos más escuchadas?
Los casos de mujeres que han sido rociadas con ácido en la cara por sus parejas o ex parejas han ido en aumento no solo en nuestro país sino en otros, razón por la cual las protestas se incrementaron, sobre todo tras el caso de la saxofonista oaxaqueña a la cual todo apunta que fue su ex pareja sentimental quien la mandó atacar hace unos meses.
Así que ¿cómo es posible que una mujer se haya atrevido a atacar de la misma manera a otra?
Es lo más incongruente, descabellado y atroz que pudo ocurrir.
Me da vergüenza ajena lo que sucedió.
En redes sociales surgió de nuevo, como ocurrió con las marchas anteriores, el hashtag #ELLAS NO ME REPRESENTAN y definitivamente me uní a él.
Se supone que las mujeres deberíamos de mostrar congruencia al exigir un alto a la violencia, pero pareciera que la tirada de algunos grupos feministas es desvirtuar esta legítima lucha y así darle la razón al sistema patriarcal, cuyo argumento siempre ha sido que las féminas sólo servimos para quedarnos calladitas en casa.
En ese sentido, con respecto al paro nacional de mujeres del 9 NADIE SE MUEVE, los hombres aprovecharon para circular en redes sociales chistes que hacían referencia a que las mujeres nos íbamos a quedar en casa guardadas como era la costumbre en el siglo pasado, sin tener acceso a educación, trabajo y poder de decisión.
Para los hombres machistas fue imposible entender que esa no era la intención del movimiento, sino la de mostrar a la sociedad que sí hacemos falta si dejamos de llevar a cabo las actividades dentro y fuera de casa que solemos realizar.
Ejemplos sobran a lo largo y ancho del país, donde empresas tuvieron que parar sus actividades porque las mujeres no iban a asistir. Uno de ellos ocurrió en el Grupo Pediátrico donde llevo a mi hijo; como las chicas de recepción no iban a acudir y son las encargadas de poner en orden el sistema de citas y pagos, ¡pues simplemente el lugar no podía funcionar sin ellas!
Así que creo que fue mejor guardarse en casa y demostrar con nuestra ausencia el valor que tenemos, que salir a destrozar y lastimar como modo de protesta.
Ojalá las protestas pacíficas que se realizaron en otros estados del país incluido Puebla, aunadas al paro del 9, rindan frutos y poco a poco se vayan diseñando políticas públicas así como estrategias a nivel nacional y local, orientadas a salvaguardar nuestros derechos e integridad.
Nos leemos la próxima semana
ARIANNA COS
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