Acursio
Recientemente, el presidente de la República, para justificar un capricho más en la designación de un funcionario, declaró en su tradicional mañanera que los funcionarios de la Cuarta Transformación, deben ser 90 por ciento honestos y 10 por ciento experiencia.
Esto sin duda, explica los nulos resultados de los gobiernos emanados de Morena, en un mea culpa reconocen la falta de experiencia en los asuntos públicos y surge la pregunta:
¿Es honesto aceptar y desempeñar un cargo para el cual no está capacitado?
¿Acaso no es corrupción decidir la aplicación de recursos públicos sin saber en dónde serán más necesarios?
¿No es honesto y corrupto privilegiar la búsqueda de votos con programas financiados con recursos públicos y con funcionarios pagados con dinero del mismo origen?
No es un tema semántico, no es de percepción, es la cruda realidad; repetir tantas veces una mentira les hace pensar que lo que dicen es verdad, les hace pensar que la deshonestidad puede ser convertida en honestidad por decreto presidencial.
La falta de seguridad pública, la falta de obras, de resultados, la desarticulación de los organismos autónomos, la centralización del poder político y económico en la figura del presidente, no presagia nada bueno.
No mentir, no robar y no traicionar, son cada día palabras carentes de sustento en la realidad y cada vez más lejanas en el ejercicio cotidiano del poder.
Ejemplos en Puebla sobran; organizar sin organizar son la constante, para muestra el sorteo del Servicio Militar Nacional, el comercio ambulante cada día en aumento, el maratón internacional, la falta de proyectos y la simulación constante del gobierno de Claudia Rivera.


