A partir del 1 de junio se dio inicio a la nueva normalidad, el proceso en el cual se pretende un regreso escalonado, ordenado y de poco a poquito a las actividades económicas en el país; no sin antes dejar en claro que éste será mediante una semaforización de riesgo (rojo, anaranjado, amarillo y verde) que indicará los niveles de contagio por COVID-19 en cada entidad federativa y así, dependiendo las condiciones de cada Estado, se determinarán qué actividades económicas podrán retornar.
Cabe mencionar que en pleno 1 de junio y arranque de la “Nueva Normalidad” todo el país se encuentra en color rojo, con su excepción en Zacatecas el cual se encuentra en color anaranjado, sin embargo es alarmante la situación del país, además, nos encontramos en plena fase 3 y aún se nota distante el cambio de la curva de contagios ¿podría considerarse precipitado el regreso a las actividades económicas en plena fase 3?
Se ha lanzado una moneda al aire, en el que se pide a la población mantener la sana distancia y los hábitos de higiene recomendados para evitar algún contagio, además se deja la puerta abierta para que los gobiernos estatales determinen la apertura de las actividades económicas y sociales, o en caso contrario y de ser necesario reforzar las medidas sanitarias y de confinamiento.
El martes 2 de junio, el Subsecretario Hugo López Gatell, anunció que México está viviendo el máximo nivel de intensidad de la contingencia ¿acaso esto no es suficiente información para determinar que aún no es seguro regresar a las actividades laborales? Si lo vemos desde la seguridad sanitaria, posiblemente sea una decisión acelerada el iniciar en este punto con la “Nueva normalidad”; sin embargo, están los otros, aquellos por los que muy pocos abogan y que el confinamiento solo es un reloj de arena en el que cada segundo significa uno más para sobrevivir al coronavirus o al hambre.
La campaña de Sana Distancia inició a mediados del mes de marzo, eso quiere decir que llevamos un poco más de 2 meses de confinamiento y de actividades económicas reducidas a exclusivamente las esenciales, en un país donde cerca del 60% de su fuerza laboral percibe ingresos desde trabajos informales y justo en el mes de abril se perdieron cerca de 10 millones de estos empleos. ¿La población puede resguardarse más tiempo? No lo creo.
Realmente para aquellos que salen todos los días a buscar el sustento el COVID es la última de sus preocupaciones, porque el hambre es canija, la crisis se viene dura y hay que “chambearle”; los otros, los “privilegiados”, podrán continuar con el resguardo y las medidas de sana distancia, pero los pobres no, los que viven al día no, ellos sólo podrán confiar en un trozo de tela que cubra su cara, el lavado frecuente de manos y que la buena fortuna los acompañe.
La moneda está en el aire y la apuesta ya se hizo, sólo hay que esperar por los resultados, pero sin lugar a duda, cualquiera de las caras será un costo que el gobierno federal está dispuesto a afrontar.
Vidal Sánchez
@Vidal_SBlancas


