A las mujeres y a los hombres se nos ha educado de manera distinta acerca del amor durante generaciones. Desde pequeñas, a las niñas se les inculcaba la idea de que su aspiración principal al crecer debía ser la de ser escogidas por un hombre para ser cortejadas por este y finalmente pedidas en matrimonio. Obtener el amor de una pareja era el papel para el que se les preparaba y se les decía que cuando crecieran, su labor sería la de esposas y madres, cuidadoras y responsables de la vida, educación y salud de los miembros de su hogar.
A los hombres se les educaba para ser los “machos alfa todolopuedo” a los que no se les permitía llorar ni demostrar sus sentimientos, sino al contrario, debían ser duros consigo mimos y con los demás, pero también se les enseñaban las estrategias para saber conquistar a una mujer con toda la galantería del mundo con el fin de obtener su atención y posteriormente su amor.
Aunque los tiempos han ido cambiando, en el fondo el concepto del amor sigue siendo el mismo. Las niñas siguen deseando encontrar un amor como de película de Disney y los niños, lograr ser un buen partido para también encontrar un gran amor y ser los protectores de sus amadas.
Romper con los patrones culturales es muy difícil, ya que están arraigados profundamente en nuestra sociedad que durante siglos posicionó a la mujer en un papel secundario meramente al servicio de los varones.
Sobre esto hace poco veía una conferencia titulada, “Desmontando los mitos del amor romántico”, impartida por Marcela Lagarde, antropóloga e investigadora mexicana, quien se ha convertido en una de las principales representantes del feminismo en nuestro país y en Latinoamérica, en la que exponía un concepto llamado “orfandad de género”, en alusión a lo que les mencionaba de que a las mujeres se nos ha educado para encontrar a quien nos ame, como si nosotras sin ello no valiéramos por nosotras mismas, como si por ser mujeres, es decir “el sexo débil”, estuviéramos huérfanas de amor, de valor, de capacidades y por ende, requiriéramos ser amadas por un hombre para hallar al fin el propósito de nuestra existencia.
Decía también Lagarde que por esta idea del amor, las mujeres solemos enamorarnos del primer ejemplar masculino que se nos pone en frente hablándonos bonito y es cierto, solemos ser enamoradizas porque nos suelen conquistar con frases bonitas, con detalles tiernos, con salidas románticas, en fin, con toda la galantería que les hacía mención párrafos arriba.
Pero hay una cuestión que explicaba la antropóloga acerca de esta etapa del romance inicial. Ella decía que los hombres cuentan con algo llamado “recursos de alejamiento”; traducción: los hombres se ponen una coraza ante la vida para hacerse los fuertes, los indomables, para así no demostrar sus sentimientos y con ello debilidad porque así se les ha educado, pero estos recursos, en el momento de querer conquistar a una mujer, los dejan un poco de lado durante un tiempo, es decir, durante esa etapa de conquista ya mencionada, hasta que ya lograron asegurarse que son dueños del amor de la mujer en cuestión.
Cuando esto ocurre, vuelven a surgir esos recursos y vuelven a cerrase en su coraza que en algunos hombres es impenetrable. Por esto decía también Lagarde que los hombres son egoístas, porque ya que obtienen lo que buscan, deja de importarles lo que sus parejas sienten ante las acciones propias de sus recursos de alejamiento.
¿Les suena algo de lo que hablado hasta aquí? Creo que a todas y todos nos ha pasado, solo que desconocemos el término científico de tales comportamientos.
El género femenino y masculino seguirá teniendo sus diferencias, lo importante es tratar de entenderlas para así poder disfrutar una relación sana de pareja en la que las mujeres no permitamos maltrato solo por la necesidad de sentirnos amadas y en la que los hombres logren derribar esa barrera machista y patriarcal que los vuelve a algunos agresivos con tal de demostrar su superioridad masculina y su no vulnerabilidad.
Suena difícil de lograr pero poco a poco, así como se han dado todos los cambios sociales, confío en que se conseguirá.
Nos leemos el próximo lunes.
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