Para el morenovallismo la lucha por Puebla es un delito.
Esto es explícito a cada salto que dan después de que la coalición #JuntosHaremosHistoria atisba un golpe a una bestia que cada vez es más agresiva, pues cada vez es más débil.
Para el morenovallismo la lucha por Puebla es un delito.
Y no sólo la lucha, sino las acciones, los resultados, las pruebas. Buscan defender lo indefendible, tapar el sol con un dedo.
Para el morenovallismo la lucha por Puebla es un delito.
Y eso lo sabe José Juan Espinosa, quien es atacado por destapar las cuentas públicas de Moreno Valle, los negocios de compadrazgo, los contratos multimillonarios; representa la caída de un régimen, la unión de un pueblo fragmentado.
Para el morenovallismo la lucha por Puebla es un delito.
También lo saben los medios de comunicación, pequeños y grandes, pintados de los mismos colores, al servicio del mismo patrón de la Fiscalía, el Tribunal y otros organismos que desgarran la democracia.
Para el morenovallismo la lucha por Puebla es un delito.
Y ellos lo saben desde su trinchera, atacando a quienes les exigen justicia y, temerosos, se ven cada vez más desesperados.
Para el morenovallismo la lucha por Puebla es un delito.
Y eso lo sabemos todos desde hace años, desde la imposición de Gali en la gubernatura; lo sabemos desde la dudosa victoria de Martha Érika en unos comicios en los que se derramó sangre e impunidad; desde los presos políticos, desde el auge del huachicol y el triángulo rojo; desde que salir de noche es sinónimo de suicidio, desde que ser mujer se convirtió en una causa de muerte en Puebla; lo sabemos desde el miedo, la inseguridad, la impotencia. Lo sabemos desde abajo del morenovallismo.


