Hay un factor predominante en Morena: la extrapolación de opiniones. Se califica de bueno o malo, congruente o congruente, mejor o peor; calificativos que denotan la gran discordancia que existe entre los seguidores y los propios militantes del partido.
Es difícil ser congruente. Es difícil, en un ámbito político e histórico como el mexicano, mantener la cordura y el ímpetu, no ceder al deseo. En Puebla el ejemplo es claro: predomina la rabia y esa rabia se desvanece.
Recientemente, Claudia Rivera Vivanco ‘pecó’ de reconocer el gobierno de Luis Banck indicando:
“Aunque nosotros (Luis Banck y Claudia Rivera) hemos estado en mesas de trabajo, hemos estado con comunicación, no ocurre lo mismo en todos los municipios al interior del estado. Recientemente tuve una reunión con mis compañeros, presidentes y presidenta electos, y no todos han tenido o han encontrado la disponibilidad”.
Con el ánimo por las nubes, Vivanco acompañará a Luis Banck a Washington para asistir a reuniones de trabajo con el Banco Mundial y el Banco Interamericano del Desarrollo.
Estamos trabajando en la construcción de una #CiudadIncluyente pic.twitter.com/q6Teoa1NLj
— Claudia Rivera Vivanco (@RiveraVivanco_) August 23, 2018
Banck envió la invitación a Vivanco, pues se abordarán temas de seguridad y justicia, además de la semaforización de la ciudad.
Con anterioridad, Vivanco se reunió, entre un mar de críticas, con Tony Gali. Los militantes morenistas murmuraron que Vivanco ‘avalaría el fraude’.
Aún se desconoce si el reunirse con el gobierno que ha sido el blanco principal de las críticas morenistas sea una ‘buena’ o una ‘mala’ estrategia; por un lado, se habla de un gobierno hegemónico que ha durado casi una década y que se postergará con la llegada de Martha Erika, sin contar los innumerables casos de corrupción y actividades ilícitas; y por otro, en Morena, nadie termina por argumentar una postura.


