La Mariposa Naranja
Arianna Cos
La semana pasada, acudí al taller bimestral que llevan a cabo en la escuela primaria donde estudia mi hijo, de 7 años de edad. Desde el kinder nunca he dejado de ir; de cada taller me he llevado alguna enseñanza y este no fue la excepción.
Generalmente, el tema ronda acerca del manejo de emociones en los niños pero también remarcan los talleristas que para que podamos enseñar a nuestros hijos a manejar adecuadamente sus emociones, primero debemos aprender a hacerlo las mamás y los papás.
En esta ocasión, captó más mi atención una pregunta que nos hizo la ponente:
-“¿Los hombres y las mujeres sentimos igual?”-
Algunos de los presentes respondieron que sí, otros que no, algunos no dijeron nada, pero la pregunta sirvió para tocar el tema del papel que juega la cultura machista en nuestra sociedad.
Porque la respuesta de la especialista en manejo de emociones fue la siguiente:
-“Todos nacemos con los mismos sentimientos; mujeres y hombres sentimos igual; es la cultura de nuestra sociedad la que va estableciendo límites a los hombres en la forma de expresar sus sentimientos”-
Es decir, un bebé varón siente igual que una bebita al nacer, pero conforme va creciendo se le va inculcando la típica conducta del “tú no puedes llorar porque eres hombrecito”; “nada de quejarse porque los niños no se quejan, los niños son machitos, aguántate”; “ya no llores, pareces niña”; “el varón es la cabeza de la casa, así que tienes que ser fuerte”, etcétera.
En fin, desde chiquitos a los pobres hombres se les enseña a que no es correcto mostrar sus emociones, a que las tiene que dominar, controlar y ocultar, pero esto no significa que no sientan con igual intensidad que nosotras las mujeres.
Y digo pobres hombres porque no hay nada más dañino que guardarse las emociones o tener que hacerse el fuerte ante los demás, aunque por dentro te estés desmoronando.
Esto está más que comprobado por la psicología: mientras más emociones guardes, más daño recibirá el organismo.
Digo, por algo nacemos con sentimientos, para poder sobrevivir e interactuar.
No sé de dónde sacaron nuestros antepasados la idea absurda de que por ser hombres no debían sentir “más que poquito” y que ese poquito no lo debían demostrar.
En el taller se nos explicó el grave daño que nos hacemos las personas al cargar con tantas emociones sin dejarlas salir, más las negativas y se nos brindó alternativas para aceptarlas, controlarlas y expresarlas de manera correcta, sin afectarnos ni afectar a los demás.
Porque tampoco se trata nada más de sentir, sino de saber identificar qué estamos sintiendo y porqué. No se trata solo de ahora dejarnos llevar por determinada emoción sin saber qué hacer con ella.
Así que definitivamente, primero debemos ser las mamás y los papás quienes aprendamos sobre nuestras emociones para poder orientar a nuestros hijos sobre las suyas.
Y nunca debemos reprimirnos, sino encontrar el equilibrio entre nuestra emoción y la forma de expresarla, para no acumular sentimientos que a la larga nos harán daño no solo a nivel emocional, sino a nivel físico.
Nos leemos el próximo lunes.
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