Nada se da de un día para otro. Todo cambio conlleva un proceso, ya sea corto o largo.
Durante los años que acudí al taller de autoayuda en el Centro de Justicia para las Mujeres del Municipio de Puebla, entendí que por más terapia que una tome, es decisión de cada mujer aplicar lo aprendido.
Podemos tomar sesiones y sesiones de terapia individual o/y grupal, pero si nosotras no hacemos el esfuerzo de ir incorporando los aprendizajes a nuestro comportamiento, de nada servirá continuar acudiendo por ayuda.
Podemos estar de acuerdo con lo que estamos escuchando en la terapia, asentir y salir de la misma sintiéndonos más fortalecidas, pero suele pasar que conforme pasa el rato tras la sesión, se va diluyendo esa sensación y se nos va olvidando aplicar lo aprendido.
Mucha gente no cree en las terapias y dice que no sirven, que no son necesarias, pero sí lo son.
Todos cargamos con problemas y traumas que se nos fueron acumulando desde pequeños, solo que hay quien no está dispuesto a aceptarlos o que lo hace pero que piensa que los podrá arreglar solito, o que simplemente no le afectan.
Y eso es totalmente falso.
A todos nos afecta en mayor o menor medida el costal de inseguridades que venimos arrastrando y solemos demostrarlo con nuestras relaciones más cercanas, especialmente con las parejas y con los hijos.
Con nuestras parejas ocurre que buscamos dominar al otro o permitimos que éste nos domine.
Con nuestros hijos pasa que somos muy estrictos o muy laxos.
Con ambas relaciones sacamos a relucir nuestros traumas en nuestra manera de reaccionar ante los comentarios, respuestas, actitudes u omisiones de los otros.
Pero está en cada quien decidir hasta dónde le afecta lo que los demás hagan.
Recuerdo que en el taller una vez nos pusieron de ejemplo una situación y debíamos responder cuál había sido el principal problema. Todas dábamos la respuesta que creíamos correcta y aunque era parcialmente acertada, resultaba que la respuesta era que el problema había sido la actitud de la persona, su reacción ante la situación.
Cuando algo sucede solemos decir: “es que sutano me hizo enojar”; “le pegué porque me hizo enfurecer”; “le grité porque me sacó de quicio”; “es que mengano me hizo llorar” y así otras frases.
Pero en el taller me enseñaron que es decisión de cada quién cómo va a reaccionar ante las acciones de los demás, que está en nosotras permitir o no que nos afecte lo que hagan o digan o en qué medida nos afecta.
Nadie es responsable de nuestras reacciones y acciones más que nosotras y aunque es más fácil echarle la culpa a los demás por los errores cometidos, lo más sano es reconocer que cada quien es dueña de sus emociones.
A veces tenemos que pasar por situaciones muy fuertes para que nos “caiga el veinte”. A veces debemos enfrentar duras pruebas para sacar a flote esa fortaleza que teníamos guardada, para sentir en todos nuestros poros la seguridad emocional que necesitábamos para poder decir: “si pude superar esto, podré superar lo que venga”.
Y esto no significa tener que dejar de sentir, sino contar con la capacidad de manejar de manera correcta nuestras emociones y reacciones.
Nos leemos el próximo lunes.
ARIANNA COS LÓPEZ
LA MARIPOSA NARANJA


