Este miércoles se cumple un año más de la declaratoria que emitiera la Organización de las Naciones Unidas (ONU), del 25 de Noviembre como “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer”.
Fue en el año 2000 que quedó oficializada la fecha, aunque ya desde 1981 se conmemoraba de manera extraoficial.
A 20 años de distancia, la pandemia que ha puesto en jaque a todo el planeta, ha venido a poner en evidencia que los esfuerzos, acciones y estrategias que se han llevado a cabo no han rendido los frutos esperados.
¿Por qué? Muy sencillo.
El encierro obligado al que nos hemos tenido que someter la mayoría, ha provocado que las mujeres estén más expuestas a la violencia por parte de sus parejas, padres, hermanos, abuelos, tíos, padrastros, etc.
Antes hombres y mujeres tenían que acudir a sus lugares de trabajo, por lo que las parejas pasaban menos tiempo conviviendo en el hogar. Diríase que el trabajo era en cierta forma un refugio para las féminas (aunque también existen violencias en el ámbito laboral), porque podían librarse un rato de convivir con su agresor. En caso de no trabajar, con que el marido estuviera fuera de casa ¡ya era un respiro!
Pero desde que comenzó el confinamiento a mediados de marzo, las cifras sobre violencia contra las mujeres se han disparado.
Las llamadas al 911 por violencia intrafamiliar tuvieron un aumento del 23%; los pedidos de auxilio aumentaron un 60% en la Red Nacional de Refugios, así como se incrementó en un 5% la acogida de víctimas.
22 mil 628 llamadas de mujeres para pedir auxilio por violencia de pareja se realizaron en marzo, es decir, 30 féminas buscando ayuda cada hora.
Y en ese sentido han ido las cifras hasta la fecha.
De Enero a Septiembre, se han registrado 704 feminicidios según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
A esa cifra aumentemos los casos que hemos sabido a través de las noticias en Octubre y Noviembre, aunque no hayan sido registrados aún de manera oficial.
Comparando la cifra con la del año pasado que fue de 892 casos, lamentablemente se puede vislumbrar que en el mes que queda del año alcanzaremos o superaremos esa cifra debido al confinamiento que parece no tener un fin muy próximo.
Así que con todo lo anterior queda expuesto el hecho de que no era que estuvieran funcionando realmente las estrategias implementadas contra la violencia, sino que a menor tiempo de exposición de las mujeres a su agresor, menor era la posibilidad de ser agredidas.
Si realmente hubieran funcionado las estrategias, el encierro no hubiera provocado un cambio drástico en las cifras.
Es decir, la mentalidad machista y patriarcal continúa imperando en la sociedad mexicana y en la internacional, cuestión que aunque ya era sabida, no se había puesto tan en evidencia como en estos tiempos de pandemia.
Dentro de las enseñanzas que nos está dejando el COVID-19, una es la necesidad de que tanto la ONU como las instituciones correspondientes en cada país, replanteen y reorienten las estrategias contra la violencia hacia las mujeres de manera que realmente tengan un impacto en la mentalidad de los varones (y de las mujeres).
De esta manera, ya sea que se pase poco o mucho tiempo en pareja, las mujeres estarían a salvo, seguras en sus hogares y no vivirían con miedo constante como ahora a ser violentadas e incluso asesinadas.
Ojalá que la peor pandemia que ha sufrido la humanidad en un siglo, deje para las futuras generaciones de mujeres un mundo mejor. Digo, se vale soñar.
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ARIANNA COS
COMO MARIPOSA


