La semana pasada hubo un suceso en el metro de la Ciudad de México que me recordó algo que comentaba en este espacio hace unos meses con respecto a la Ley de Identidad de Género.
Resulta que un tipo con tal de no quitarse de un asiento de la zona rosa que es exclusiva para mujeres, menores de 12 años y discapacitados, le salió a una chica que estaba grabando cómo los hombres no respetan la zona, con que todos tenemos derecho a la libertad de expresión y que eso incluye el derecho a decidir si queríamos ser mujeres u hombres, entonces que pues él en ese momento decidía ser mujer y que iba a seguir sentado en ese lugar.
¡Ahora resulta que los hombres van a salir con que son mujeres cuando les convenga!
Esto es algo riesgoso porque de la misma manera pueden argumentar que se sienten mujeres para ingresar a otros espacios públicos exclusivos para el sexo femenino, como a los baños públicos principalmente, que es de lo que hablaba hace unos meses.
El tema de la identidad de género es delicado porque no es que se esté en contra de que las personas transgénero tengan derechos, yo no lo estoy, pero es un tema que tiene cuestiones que no son tan fáciles de llevar a la práctica como se pinta.
Por ejemplo, ¿Cómo puede un hombre comprobar que en verdad se siente mujer y que por ello quiere ingresar a los baños para féminas porque es ahí donde se siente cómodo/da?
¿Cómo puede una estar segura de que un varón que ingresa de improviso al baño de mujeres lo hace porque no se siente como tal sino que se siente como fémina? Me imagino la escena y definitivamente no me sentiría cómoda sino sorprendida, intimidada y a la defensiva.
Es tanta la violencia contra las mujeres y se da de modos tan variados, que será difícil que aceptemos que hombres transgénero compartan espacios públicos exclusivos para nosotras, sobre todo si con completo cinismo, hay quien podrá salir con tonterías como las del tipo del metro.
Cualquier varón podrá usar la carta del transgenerismo para no respetar los espacios reservados y lo que es peor, para buscar seguir violentando a las mujeres, eso es lo delicado de la identidad de género. Las personas trans ganan, pero salimos perdiendo las mujeres, para variar.
Aunque existen sanciones para los hombres que transgreden las normas del metro y hacen uso de las zonas rosas, a ellos no les importa porque las sanciones no son aplicadas. Los directivos del metro tomaron medidas de inmediato para reforzar las campañas de concientización sobre las zonas rosas, que incluyen dichas sanciones, pero el punto es que las hagan valer.
Algo que me indignó aparte de la desvergonzada actitud del tipo del metro, fue la defensa que hizo otra usuaria de su marido quien también iba sentado en la zona rosa. No porque sea tu marido está correcto que vaya sentado junto a ti en un lugar que no le corresponde. Si entre mujeres no nos apoyamos, si no hacemos valer las normas que fueron creadas para defensa de nosotras, la lucha contra la violencia será más difícil.
En la mañana leía una nota de lo que ocurrió creo que ayer también en el metro de la Ciudad de México; resulta que una mujer fue acosada por un tipejo quien frotó sus genitales contra ella. Ante esto la mujer reaccionó y un señor para defenderla inició una pelea contra el acosador, a quien incluso casi le arrancó una oreja.
Padrísimo que exista quien nos defienda, pero precisamente para evitar que se nos acose es que se asignaron zonas exclusivas.
¿Qué diría la señora que defendió a su marido quien iba cómodamente sentadote en la zona rosa si hubiera sido a ella a la que acosaran, o a su hija, sobrina, mamá, hermana, etc.? Creo que igual hubiera protestado por no haber lugar en la zonza segura al haber sido ocupado por un varón. En la grabación que circuló en redes, otros cuatro hombres aparte de su marido iban sentados en los asientos rosas, incluido el cínico vuelto trans por conveniencia.
La lucha contra la violencia hacia las mujeres definitivamente es ardua; muchas veces las mujeres debemos enfrentarnos a otras mujeres quienes fueron educadas aún en el machismo, en el tener que complacer al marido, en defenderlo a capa y espada aún a costa de la seguridad de otras féminas.
En fin, ojalá poco a poco nuestra sociedad vaya tomando el rumbo del cambio social que se requiere para lograr erradicar la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus formas.
Nos leemos la próxima semana
ARIANNA COS
COMO MARIPOSA
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